La estrategia de la presidenta madrileña puede llevarse por delante las sutilísimas relaciones diplomáticas entre España y México, pero ese es un mal muy menor para los sueños imperiales de la presidenta

Se ha ido la presidenta madrileña a hacer campaña a México, y no es un movimiento tan idiota como pudiera parecer a simple vista: Isabel Díaz Ayuso sueña con un Madrid panhispánico, una metrópoli que compita con Miami como proa de la neohispanidad, y esto excita mucho a la parte más infantiloide, aunque muy activa, de ese electorado patriotero que duda entre el azul y el verde....

Invocar el derecho de gentes, citar a fray Bartolomé de las Casas, enumerar las universidades que los españoles fundaron en las Indias (frente a las que no fundaron los ingleses) y exaltar el mestizaje son afrodisíacos en los oídos de muchos votantes potenciales. Entre un Abascal genuflexo ante Trump y una Ayuso que se pone chula ante los herederos de Moctezuma, quizá se inclinen por la nueva Hernanda Cortés. La estrategia puede llevarse por delante las sutilísimas relaciones diplomáticas entre España y México, pero ese es un mal muy menor para los sueños imperiales de la presidenta.

Ayuso tiene el oído fino para el populismo. No sorprende que haya detectado este filón, pero me intriga de dónde sale tanto furor hispánico en una España donde la mayoría de la población apenas tiene noticia de quién fue Cortés ni sabría poner fechas y topónimos a su gesta. Hasta hace muy poco, partirse la cara por el conquistador era cosa de cuatro profes de Historia de América y media docena de friquis que jugaban al rol y a videojuegos de estrategia militar y frecuentaban las secciones más polvorientas de las tiendas de cómics. Hoy son, indudablemente, una corriente social. Quizá no lo bastante poderosa como para sanear las cuentas del ruinoso musical Malinche, de Nacho Cano, pero sí para decidir uno o dos escaños en la Asamblea de Madrid y hacer pupa a Vox en el corazón de su ideario.