Manuel Sánchez Gómez |
Londres (EFE).- Es la historia de un equipo, al que le ha tocado otra vez morir en la orilla. Es sufrir, pasarlo mal y rozar la gloria para que al final sea otro el que la saboree. El Atlético de Madrid se quedó a las puertas de otra final. A un partido de ese premio tan deseado y en muchas ocasiones merecido y que siempre, por una razón u otra, se escapa. Esta vez fue el Arsenal, el que se vistió de ogro para arruinar otra temporada europea a los ‘rojiblancos’.
Parecía que esta vez sí. El ambiente, el camino hasta aquí, la posible redención contra el Bayern, todo indicaba que la historia cambiaba el signo de esta institución. Pero otra vez salió cruz. El Dios del fútbol sigue negando su ‘Orejona’ a Simeone, pese a que pocos entrenadores lo han intentado con tanto ahínco y la merecen más que el argentino, que vuelve a perder, pero que volverá a levantarse.
Era lícito preguntarse si sobre el césped del Emirates estaban este martes los dos mejores equipos que nunca han ganado una Champions.
Al Arsenal se la quitó un error de Jens Lehmann en París, al Atlético Sergio Ramos y los penaltis de Milán. Iba a ser un partido de no cometer errores, de miedo a perder y de mucho vértigo a ganar. Y los futbolistas lo sabían.









