Un viaje que discurre por el parque nacional Kolkheti, las ciudades de Batumi y Kutaisi y la imponente cueva de Prometeo

Poti, el mayor puerto georgiano del Mar Negro, es nuestro punto de partida para ver las bellezas naturales de la región que antaño se conoció como la Cólquida. Un próspero y verídico reino cargado de influencias helénicas y cuyos inicios algunos remontan al siglo XVII antes de Cristo.

A un par de kilómetros del muelle de Poti se extiende el lago Paliastomi, un espejo de agua salobre y quieta. Al lado del embarcadero se ubica la entrada del parque nacional Kolkheti (Cólquida, en georgiano). En su Centro de Visitantes se muestran fotos de las maravillas de su fauna y flora. En especial su avifauna es espectacular, desde aguiluchos laguneros a los raros ibis escarlatas. La cuestión es coincidir con las emigraciones. No faltan los reptiles ni los batracios, ni las nutrias y jabalíes. Sin contar la abundancia de peces, de esturiones a carpas. Hasta autorizan en algunos puntos una pesca controlada.

Mi barquero y guía en el parque se llama Gela. Me va a llevar hasta el río Pichori, cuya boca queda a menos de media hora de travesía. Pronto nos meteremos por los meandros donde, en un día de sol, el verde alrededor resulta victorioso como en las selvas. El silencio lo rompen las hojas que caen de los fresnos gigantes. Un martín pescador hace la merced de dejarse ver sobrevolando un caño. Y las tortugas aprovechan el día sin una nube para subir a los palos secos de la orilla.