“Si el planeta Tierra tuviese un altar capaz de hablar por sí mismo, ese altar sería Copacabana”. Lo decía la propia Shakira hace unos días y desde ese altar, la playa más famosa de Río de Janeiro y del mundo, fue aclamada reina de la música latina por un mar de gente. Según el balance oficial de las autoridades, dos millones de personas. El concierto más multitudinario de su carrera y el mayor de un artista latino en la historia.El concierto siguió el eje principal de la gira Las mujeres ya no lloran, aunque con sorpresas y caramelos para el público local: cantó con Anitta y con los dos hermanos más icónicos de la música brasileña, Caetano Veloso y Maria Bethânia. Hablando constantemente con el público en un perfecto portugués, Shakira derrochó carisma y dedicó el show a las mujeres latinas, y en especial a los 20 millones de madres solteras de Brasil, que luchan para sacar adelante sus hogares: “Yo soy una de ellas”, bromeó.La colombiana, de 49 años, apareció en el escenario con más de una hora de retraso, tras un espectáculo de drones que dibujó una loba aullando en el cielo, con luna llena incluida. El retraso se perdonó rápido, con las primeras declaraciones de amor al país: “No puedo creer que estoy aquí con ustedes, y pensar que llegué aquí cuando tenía 18 años, soñando en cantar para ustedes, y ahora mira esto, ¡mira esto!”, decía emocionada.En el horizonte, miles y miles de fans que llevaban horas sobre montículos de arena o incluso encaramados a los árboles del paseo marítimo para garantizar una visión estratégica del escenario, una mole de 1.500 metros cuadrados. Para aguantar un calor inusual para esta altura del otoño, cientos de vendedores ambulantes despachando a destajo cerveza y caipirinha y miles de abanicos verdes y amarillos con una palabra estampada: “Lobacabana”.“Me muero por verla, es un orgullo ver a una de las nuestras en el escenario más grande del mundo, es un hito para toda la comunidad latina y para las mujeres, porque ella tiene un mensaje de empoderamiento femenino muy fuerte”, decía antes de arrancar el concierto Mati, una chilena afincada en Río vestida como una doble de la cantante, peluca incluida.El concierto transitó entre los éxitos de su último álbum y los clásicos de siempre, aunque el punto álgido fueron las novedades. La primera fue la presencia de Anitta, con quien cantó Choka Choka, un tema que acaba de ver la luz. Después de confesarse fan y alabar su “elegancia y sofisticación” subió al escenario a Caetano Veloso, con quien interpretó O Leaõzinho, una pieza que confesó que cantaba por las noches a su hijo Milan. Después llegó el turno de la hermana, Maria Bethânia, con quien hubo algo más de química al cantar O que é o que é?, un himno de Gonzaguinha que contiene uno de los versos más bellos de la música brasileña: “Vivir y no tener vergüenza de ser feliz, cantar y cantar y cantar la belleza de ser un eterno aprendiz”. Junto a ellas, los percusionistas de la escuela de samba Unidos da Tijuca. Fue ahí cuando Shakira se atrevió con unos pasos de samba. El otro gran momento carnavalesco lo puso la energía de Ivete Sangalo, con quien cantó País tropical.La historia de amor de Shakira con Brasil viene de lejos, como recordó durante el concierto en varios momentos. De hecho, aprendió portugués antes que inglés. El megaconcierto de Río llega en un momento en que los brasileños están redescubriendo su latinidad, en buena parte gracias al efecto Bad Bunny. En este país continental de riqueza musical inabarcable y casi siempre de espaldas al resto de Latinoamérica, triunfar cantando en español nunca fue fácil. Estrellas como Karol G y Bad Bunny arrastran multitudes en todo el planeta, pero apenas empiezan a dar sus primeros conciertos en Brasil ahora. Por eso el éxito de la barranquillera en este país tiene un mérito doble.Cuando Bad Bunny gateaba, Shakira estaba recorriendo el Brasil profundo para presentar el álbum Pies descalzos. Estos días se recordaban con algo de nostalgia aquellos conciertos, muy baratos, en lugares tan improbables como una ciudad llamada Uberlândia. Los brasileños que se enamoraron de aquella joven de pelo negro y ceñidos pantalones de cuero cantaron a todo pulmón Estoy aquí, su mayor éxito en el país, o Antología, uno de los momentos más emotivos de la noche.La alcaldía estima una inyección de 160 millones de dólares en la economía local, 40 veces más de lo invertido en el concierto, pagado con dinero público y patrocinios de varias empresas. El concierto de Shakira forma parte del proyecto Todo mundo no Rio (Todo el mundo en Río), impulsado para estirar la temporada turística y posicionar la ciudad como el escenario de los grandes eventos planetarios, junto con el Carnaval y la masiva fiesta fin de año, también en Copacabana. Empezó en 2024 con Madonna (1,6 millones de personas) y siguió el año pasado con Lady Gaga, que hasta ahora tiene el récord de público, con 2,1 millones.Como en los conciertos de las estrellas estadounidenses, el esquema de seguridad funcionó de forma notable. Se desplegaron 8.000 policías, hubo controles en cada calle que da acceso a la playa, barcos en el mar y drones en el aire. No obstante, el éxito organizativo quedó empañado, unos días antes, por la muerte de uno de los operarios de la empresa local que montaba el escenario, al ser aplastado por una estructura. La policía investiga si fue un error humano o una negligencia.El concierto llegó a la recta final como en el resto de la gira, con la apoteosis de Waka Waka y una pausa misteriosa antes de la aparición de una gran loba inflable para hacer aullar a toda la playa con los acordes de She Wolf. Como traca final, el éxito que creó con el productor argentino Bizarrap y en que descargó toda su rabia contra su expareja, el futbolista Gerard Piqué. La frase más célebre de la canción y que da nombre a la gira, Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan, tiene traducción contante y sonante. Con más de 420 millones de dólares de recaudación (y sumando) el tour ya ha entrado en el libro Guiness como el más lucrativo de la historia para un artista latino, superando el récord anterior de Luis Miguel. Shakira ha recorrido América de punta a punta, ha llenado más de 80 estadios y reunió a 400.000 almas en el Zócalo de Ciudad de México. En breve vuelve a Estados Unidos y a finales de septiembre cerrará este fructífero renacimiento con la residencia europea en Madrid, con 11 fechas, todo agotado. En Copacabana, el concierto acabó con Shakira ondeando una bandera de Brasil y fuegos artificiales en el mar.