Eduard Ribas i Admetlla |
Washington (EFE).- Apenas se había servido una ensalada con burrata cuando el pánico se apoderó del salón y centenares de asistentes se lanzaron bajo las mesas sin entender qué estaba ocurriendo.
La expectación era máxima en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, la primera a la que acudía Donald Trump como presidente tras años de boicot al evento. Nada hacía presagiar el giro abrupto de la velada.
Hacía apenas unos minutos que el mandatario y la primera dama, Melania Trump, habían entrado en el gran salón de baile del hotel Hilton, donde más de 2.000 invitados -la plana mayor del Gobierno, periodistas, diplomáticos y la élite de Washington— se preparaban para una noche de gala.
«¡Abajo, abajo!»












