El ministerio de Igualdad entrega este lunes, en los actos de Día de la visibilidad lésbica, una medalla a la falsamente inculpada por el asesinato de Rocío Wanninkohf. Un reconocimiento que ha tardado un cuarto de siglo en llegar

El asesinato de Rocío Wanninkhof dejó un reguero de víctimas. Además de la joven, que tenía 19 años cuando fue apuñalada por Tony Alexander King en 1999; su familia y allegados; o Sonia Carabantes, a la que King mató en 2003; hubo una persona que fue víctima de una persecución mediática, de una cacería social, de odio y deshumanización. Se trata de Dolores Vázquez, falsamente inculpada en la muerte de Wanninkhof, juzgada y encarcelada por ello. “Dolores Vázquez fue señalada y condenada por pura lesbofobia”, resume Beatriz Gimeno, autora del libro La construcción de la lesbiana perversa (Gedisa, 2008). “Tenía coartada, no había ninguna prueba en su contra, y los indicios que usaron para inculparla bien eran inventados, bien estaban basado en la lgtbifobia. Además, todo ello permitió que el auténtico culpable, cuya autoría era bastante más evidente, saliera del foco y años después matara a otra chica [Carabantes]”, explica.

Vázquez nunca fue indemnizada ni reparada por todo el daño sufrido, ni siquiera por haber pasado casi año y medio en prisión siendo inocente. Ahora, más de 25 años después de ese martirio mediático, social y judicial, este lunes el Ministerio de Igualdad le va a entregar la Medalla a la promoción de los valores de igualdad a la mujer, en el marco del Día de la visibilidad lésbica, en un acto en el que va a reivindicar su figura.