La pérdida del instrumento de trabajo más valioso para quien vive de cantar ha dejado casos de reinvención artística, como el de Joanna Newsom, y otros mucho más dramáticos, como el de Julie Andrews
“Un pum y un chasquido”, como cuando abres una lata de refresco. Este es el sonido que puede emitir la voz cuando se rompe. Así lo describió la cantante estadounidense Joanna Newsom a principios de 2009, cuando descubrió que había desarrollado nódulos en las cuerdas vocales debido al exceso de conciertos y falta de técnica vocal. Su decisión fue, en lugar de pasar por quirófano, callarse. Pasó dos meses sin hablar ni cantar, y cuando en 2010 reapareció con su tercer disco <...
i>Have One on Me, el cambio de registro vocal era evidente en las canciones. Pasó de cantar de forma “salvaje” a todo lo contrario.
Aunque Newsom pudo sucumbir al terror quirúrgico, ciertos antecedentes explican su decisión de no dejarse intervenir en una mesa de operaciones. El mayor terror de un vocalista es perder su voz, y la pesadilla se ha cumplido en numerosas ocasiones, durante décadas, en un sinfín de artistas. El caso de Julie Andrews es especialmente notorio ya que ella era reconocida por su pura y cristalina voz.






