Como ocurre en España, en muchos países en los que el apellido paterno tenía prevalencia, ya se puede elegir. En los lugares de tradición matrilineal, el apellido materno siempre fue el heredado

En muchos países, una de las decisiones que deben tomar las personas que acaban de convertirse en madres o padres es la de qué apellido o apellidos tendrá la criatura. En España, hasta 1999 solo había un orden posible cuando había padre conocido: el primer apellido era el del padre y el segundo el de la madre. El primer cambio fue permitir un orden diferente, aunque la opción por defecto sería la tradicional. Desde 2017, ya no hay un orden por defecto, hay que elegir. Aun así, en 2025 tan solo el 6 % de los recién nacidos llevaron el apellido de la madre primero, según datos proporcionados por el Ministerio de Justicia. “Yo sospecho que muchísima gente no es consciente de que esto se puede hacer”, señala Livia García Faroldi, profesora titular de Sociología en la Universidad de Málaga, como principal razón detrás de ese porcentaje tan bajo casi diez años después de la entrada en vigor de la norma (y más de cuarto siglo después de la introducción de la posibilidad de elección).

El caso de España no es singular: aunque en muchos países se han introducido leyes para eliminar la obligación de elegir apellido paterno sobre el materno en parejas heterosexuales, la realidad sigue yendo más lenta. En lugares en los que se usa un único apellido, normalmente las leyes que intentan cambiar esa discriminación hacia el nombre de familia de la madre permiten varias opciones: usar solo el apellido materno, usar ambos apellidos unidos con un guion, combinar ambos apellidos y formar uno nuevo… Pese a esto, las cifras muestran el peso de la tradición: en Francia, donde se puede escoger desde 2002, en 2019 el 81 % de los bebés llevaba solo el apellido paterno; en Bélgica, en 2023 era el 81,3 %; en Estados Unidos, se escoge el apellido del padre en el 96 % de los casos.