España, 1968. El adulterio era un delito penado con la cárcel y el divorcio ni siquiera estaba reconocido. En ese contexto nació Adela, nombre supuesto. Su madre estaba casada con otro hombre y su padre era un reputado médico y vecino, que también estaba a punto de contraer matrimonio. 56 años después y gracias a las pruebas de ADN, esta mujer ha conseguido que un juez reconozca su derecho a la herencia, calculada en 500.000 euros que su progenitor biológico dejó a sus tres hijos reconocidos.

La relación entre la madre y el padre biológico de Adela se prolongó en el tiempo y en el espacio, entre las provincias de Granada, donde nació ella, Almería, donde reside, y Murcia. “El adulterio fue delito hasta 1978, el médico podría haber ido a la cárcel si esa relación salía a la luz y ella no se podía divorciar porque estaba prohibido”, explica el abogado de la mujer, Fernando Osuna.

No fue hasta hace unos años cuando Adela puso en marcha el proceso de filiación, pese a que su madre le contó quién era su verdadero progenitor poco antes de que este muriera, en los años 80.

Adela trató de entablar una relación con los tres hijos del médico, que residían en la Comunidad de Murcia, pero tras constatar que no iba a ser posible que la reconocieran como a una de sus hermanas, se decidió a poner la demanda de filiación en 2023. “La demanda se interpuso en Murcia contra los tres, presentando pruebas de ADN”, explica el abogado.