Los líderes europeos esperan pasar página a la era de vetos y trabas impuestos por el nacionalpopulista húngaro, derrotado hace dos semanas
Algunos lo celebraban abiertamente, otros sencillamente dejaban claro, con un inconfundible gesto de alivio, lo mucho que se ha sentido en la cumbre informal de líderes de la UE en Nicosia la ausencia del húngaro Víktor Orbán. La
-escrutado.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2026-04-12/los-primeros-resultados-oficiales-en-hungria-apuntan-a-la-victoria-de-tisza-con-el-334-escrutado.html" data-link-track-dtm="">derrota del primer ministro ultranacionalista, hasta ahora el más veterano del Consejo Europeo, le ha permitido a la Unión Europea desbloquear por fin el préstamo multimillonario a Ucrania y las nuevas sanciones contra Rusia. Tanto Bruselas como la mayoría de capitales esperan que esto sea el comienzo de una nueva era en los Veintisiete, aunque todavía queden algunos caballos de Troya rusos en su seno y persistan también algunas dudas sobre el futuro Gobierno de Péter Magyar, el ganador de las elecciones húngaras.
Teóricamente, Orbán podría haber estado en Chipre. Al fin y al cabo, todavía es el jefe de Gobierno de Hungría. Y ha sido él el que ha liberado al final el veto al préstamo y las sanciones. Pero tras ausentarse también el martes del Consejo de Exteriores en Luxemburgo su controvertido ministro de Exteriores, Peter Szijjartó, del que se ha revelado que informaba regularmente a su homólogo ruso, Sergéi Lavrov, de discusiones confidenciales de los Veintisiete, quedó rápidamente claro que su jefe tampoco acudiría al encuentro a Nicosia. Y nadie derramó en la capital chipriota una lágrima por su asuencia.







