La Guardia Civil defiende la integridad de los audios y mensajes que sostienen la causa
Sus siete señorías ―seis señores y una señora, por ser precisos―, con sus puñetas, sus sillones y su estrado, ya no estaban allí. Los magistrados permanecían en cuerpo pero su mente parecía haber volado al vecino parque de la Villa de París por los ventanales del Salón de Plenos. Los peritos hablaban del hash, del icloud y de sistemas operativos. Las defensas querían (pero poquito) una prueba que habían pedido y la acusación lanzaba su órdago: o todo o nada. Tecnicismo a tecnicismo, jurídicos e informáticos, la madeja del caso Koldo
i> se iba enredando hasta que el jefe de Anticorrupción ha verbalizado el sentimiento generalizado: “El ministerio fiscal la verdad es que no entiende nada”.
El juicio por los presuntos amaños en la compra de mascarillas en plena pandemia ha avanzado a una nueva fase dominada por los expertos. Su papel es el de explicar los informes que elaboraron en su día sobre aspectos concretos de la investigación judicial. “Intenten ser claros”, rogaba el fiscal anticorrupción, Alejandro Luzón, antes de adentrarse en el análisis informático de los audios y mensajes encontrados en los dispositivos de Koldo García, una de las principales pruebas. Ellos lo intentan pero no siempre les sale. Y en esta ocasión la audiencia no se lo ha puesto nada fácil. Cuando el fiscal iniciaba el interrogatorio, la abogada del exasesor ministerial, Leticia de la Hoz, saltaba a la yugular. Hablemos solo de la cadena de custodia, proponía. Es que esos archivos ―aquellos con los que supimos que “la Carlota se enrolla que te cagas”― ya no están en la causa del Supremo, también han saltado por la ventana y han caído en la Audiencia Nacional, esgrimía. “¿Pero la prueba la solicitó usted?“, decía el presidente del tribunal, Andrés Martínez Arrieta, claramente desconcertado. Esta jugada no se la esperaba ni él ni nadie. Jaque.






