Patricia Uriz rechaza durante la cuarta sesión del juicio el incremento patrimonial que la Guardia Civil atribuye al matrimonio

El Salón de Plenos del Tribunal Supremo opera durante el juicio a José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama como si fuera una cancha de tenis. El lugar central, el de la red, lo ocupa el testigo; a un lado de estos se sitúan las defensas y los acusados; al otro, las acusaciones. Los siete magistrados del tribunal se ubican enfrente de los comparecientes, entre los dos lados de la cancha, como el juez de pista. Y desde ahí van siguiendo la sesión, interviniendo lo menos posible. Cuando el interrogatorio coge ritmo o las defensas y las acusaciones se enzarzan en una discusión, algunos jueces, como el expresidente de la Sala Penal Manuel Marchena, mueven la cabeza de lado a lado como intentando seguir la bola. En la cuarta sesión del juicio, celebrada este lunes, ha habido mucho de eso.

El Supremo ha vivido una sesión muy correosa con rifirrafes constantes entre las acusaciones y las defensas que han obligado a intervenir más que ningún día a Andrés Martínez Arrieta, el presidente del tribunal y juez de pista. Entre debate y debate, la exmujer de Koldo García, Patricia Uriz, que está imputada en la parte de la causa que instruye la Audiencia Nacional, ha intentado justificar el dinero en efectivo que la Guardia Civil encontró en su casa y se ha negado a reconocer como suyos los mensajes intervenidos entre ella y su entonces esposo en los que hablaban de “chistorras”, “soles” y “lechugas”, términos que los investigadores consideran que usaban en clave para referirse a billetes de distinto valor.