La segunda temporada de la serie de HBO Max se cierra entre fuegos artificiales, es 4 de julio, pero sin ellos en el guion. Tras tanto dolor, angustia y muerte, la vida se abre paso susurrando a un bebé y a gritos en un karaoke

—Si esta urgencia te pilla en Pittsburgh, ¿quién querrías que te tocase? ...

—Si es poca cosa, Langdon, obvio. Si es algo peor, la doctora King, que es la más empática, quizá por ser la neurodivergente del equipo… Y en ningún caso el jefe: te pase lo que te pase, al doctor Robby siempre le va a doler más que a ti la vida.

Pensaba esto en una sala de espera hospitalaria de las muchas que he visitado estos años, como madre, como hija, como enferma crónica, y esta vez como accidentada en urgencias. Pero incluso las abonadas a la Sanidad no vemos apenas nada de lo que muestra The Pitt. Ni los nervios, ni la responsabilidad, el agotamiento y los piques entre médicos. A este lado, hay mucha menos sangre, apenas vísceras, casi nunca la muerte. Por eso es tan sorprendente el cierre de la segunda temporada de la serie de HBO Max: tras 15 episodios cabalgando el gore y la adrenalina a la que se enfrenta un equipo médico al límite, el final celebra la vida. Esa cosa tan normal y poco épica que damos por sentada hasta que un día acabas en urgencias.