La serie liderada por Noah Wyle, que en esta ocasión transcurre durante un festivo y demencial 4 de julio, repite los mismos aciertos y errores que en su primera entrega

Noah Wyle lo ha vuelto a hacer. Resulta fascinante asistir a su exhibición de interpretación. Como un metrónomo, el protagonista de The Pitt aporta, en su justa medida, sutileza, amor, ira, firmeza, dolor, felicidad, desesperación, confianza en el ser humano... The Pitt funciona porque el director de orquesta funciona, porque Wyle ha interiorizado el carácter complejo de su personaje, el doctor Michael Robinavitch, Robby, el responsable del servicio de urgencias de un desbordado hospital de Pittsburgh. Ese Ro...

bby es digno heredero de su John Carter de la mítica Urgencias, eso sí, con una vuelta de tuerca narrativa —el tiempo en que transcurre la acción, un día por temporada, una hora por episodio— que obliga a una distinta construcción de los personajes. Lo mejor de lo visto de la segunda temporada de The Pitt (HBO ha puesto a disposición de la prensa los primeros nueve capítulos de los 15 que estarán disponibles en la plataforma en entregas semanales desde este jueves 8 de enero) es que mantiene el nivel del primer año; lo peor, es que repiten los mismos errores.