Si la España actual es mucho más diversa, la visión colectiva del pasado también debería serlo
Fue al acabar la charla en aquel instituto público cuando entendí mi error. Había estado hablando con un centenar de adolescentes acerca del eje que articula nuestra memoria colectiva: la guerra que trituró a jóvenes imberbes, la posguerra de paredón al alba, la dictadura de represión y censura, una transición cosida con el hilo del olvido y un presente donde los nietos tienen que seguir luchando al pie de las fosas para recuperar a su...
s familiares.
Les había estado contando acerca de ese recuerdo vivo, compartido por los españoles desde 1936, que todavía hoy condiciona y hasta envenena nuestro debate público. Y fue al acabar aquella reflexión sobre la memoria que permanece, sobre el pasado que no pasa y aquellos recuerdos que nos acompañan como una piedra en el zapato, cuando me fijé en sus rasgos. Había chavales colombianos, venezolanos, peruanos, marroquíes, rumanos, ucranianos, quizás algún paquistaní, tal vez una niña india. Yo, que les había hablado de mi abuelo y de su padre fusilado, me pregunté qué habría sido de sus abuelos, de su memoria heredada. Me pregunté qué sentido tenía que habláramos, únicamente, de mi pasado.






