El franquismo fue una máquina castradora de conocimiento científico y humanístico
Señalaba Carmen Martín Gaite que los adolescentes de la posguerra habían disfrutado, durante la infancia, de un imaginario tan diverso como profuso que alimentaba su pensamiento. Respecto a los distintos modelos de feminidad, sabían de la existencia de beatas de confesionario, pero también de “la miliciana [y] hasta la vamp, pasando por la investigadora que sale con una beca al extranjero, y la que da mítines”. En el plano de la imaginaci...
ón política: “habían oído hablar de huelgas, de disputas en el Parlamento, de emancipación…, de divorcio”. Los referentes aprendidos durante la etapa convulsa e increíblemente enriquecedora que fue la Segunda República poblaban las cabezas de una ciudadanía que se acostumbró a ejercer el derecho al voto y abrazaba distintos idearios —católico, falangista, socialista, anarquista— en plena democracia. Esa copiosidad intelectual, heredada de lustros anteriores, acabó siendo reducida a su mínima expresión por el período lúgubre que impuso la dictadura de Franco. Rememorar los 50 años de su muerte implica, entonces, reconocer los saberes que se perdieron; los que nunca llegaron a elaborarse debido a la falta de oportunidad; las voces que, pertenecientes a los cuerpos asesinados o exiliados, fueron silenciadas junto al prodigio de su inteligencia.







