Manuel Reija defiende que “es mentira” que le ocultara a su cliente la fortuna que acababa de ganar y sostiene que se sintió “frustrado” por no poder “darle la alegría”

Manuel Reija, el lotero que se sienta en el banquillo en A Coruña acusado de quedarse con un boleto de la Primitiva premiado con 4,7 millones, no ha sabido explicar este lunes en su turno de declaración los dos puntos críticos de su versión sobre lo ocurrido hace 14 años. El hombre, que afronta una petición de pena de seis años de prisión por estafa o apropiación indebida, mantiene que el 2 de julio de 2012 encontró el resguardo en el mostrador de su administración de loterías cuando estaba solo en el local, y que ni sabía de quién era ni intentó torpedear la búsqueda de su dueño para cobrar él esa fortuna. Sin embargo, no ha sabido contestar a las preguntas de las acusaciones sobre los peculiares movimientos que registró la máquina de su local que comprueba premios y valida nuevas apuestas. Y ha alegado no recordar bien los insistentes escritos que presentó ante Loterías del Estado para que le pagaran el premio.

Reija dice que aquel día se quedó “en shock” cuando descubrió que el boleto estaba agraciado con un “premio superior de primera categoría”, que es lo que aparece en la pantalla de la máquina cuando la cantidad de dinero es “importante”, explicó. Se sintió “frustrado”, asegura, “por no tener a la persona delante para darle la alegría”. Admite que el resguardo en cuestión estaba mezclado con otros y que pasó todos los papeles por el dispositivo. Tanto la Fiscalía como las acusaciones particulares le han recordado a Reija que esa terminal registró unos movimientos que desmontan su versión de que estaba solo.