Después de la escandalosa anulación del proceso iniciado el año pasado, siete profesionales de la salud son juzgados en Buenos Aires por el presunto homicidio del exfutbolista argentino
El parecido recuerda a la repetición televisada de las proezas de Diego Maradona, cuando el espectador esperaba entender la hazaña que había presenciado, ya sin el vértigo y la emoción que nublan el instante, el presente fugaz. Un juicio oral y público intenta desentrañar, desde el martes pasado, si Maradona, el ídolo del fútbol argentino, murió a causa del abandono y la desatención que le depararon los profesionales de la salud que debían cuidarlo aquel 25 de noviembre de 2020. El nuevo juicio parece una copia del proceso que había comenzado un año atrás, también en los tribunales de San Isidro, en las afueras de Buenos Aires. Los acusados y los acusadores, la víctima y el crimen son los mismos. Pero hasta allí llegan las similitudes. El guion de los involucrados es otro.
Cuando el primer juicio se suspendió, después de que se descubriera que el proceso estaba siendo filmado en secreto por una de las juezas para protagonizar una película, ya se habían desarrollado más de 20 audiencias y habían declarado más de 40 testigos. Aunque todo aquello fue anulado y hoy el juicio empieza desde cero, los abogados defensores ya conocen las cartas con que cuentan la fiscalía y las querellas para sostener una acusación de homicidio con dolo eventual. E intentan usarlas a su favor. O en contra de los demás acusados.











