RTVE tiene un museo en Barcelona, pero es más didáctico y tecnológico que nostálgico. Yo propongo algo que funcione como magdalena de Proust
Me llevan a las instalaciones de la autonómica valenciana À Punt para hacerme una entrevista, y en el vestíbulo, medio arrumbada o medio expuesta, me encuentro con la paella rusa de El show de Joan Monleón, la estrella de aquel canal en sus orígenes, allá por 1989, cuando se llamaba Canal 9. Al lado está el sofá de
v/858812406_850215.html" data-link-track-dtm="">Tómbola, la otra contribución de la cadena a la historia de la tele, pero a mí solo me emociona esa ruleta de la suerte con forma de paella mixta (¡ay!) que presidía uno de los platós más descacharrantes, verbeneros, barrocos, saturnales, zafios y vanguardistas, mito de mi infancia valenciana. Joan Monleón fue un personaje irrepetible e imposible de encasillar, quizá comparable en parte con Javier Gurruchaga: un talento escénico apabullante, enérgico, inmensamente popular y siempre divertido.
Tras el shock nostálgico, me quedé un rato junto a esa paella-ruleta y pensé en el museo bonito que se podría montar con los restos de platós perdidos, vestuarios, muebles, objetos varios y piezas de atrezo de los programas más queridos y recordados de la tele. RTVE tiene un museo en Barcelona, pero es más didáctico y tecnológico que nostálgico. Yo propongo algo que funcione como magdalena de Proust, no un sitio interesante para estudiantes de audiovisual.






