Si no callan las armas entre Israel y Hezbolá mal podrán proseguir las conversaciones de paz entre iraníes y estadounidenses

Treguas frágiles, temporales e incluso contradictorias, en vez de un alto el fuego generalizado y luego la paz que merece la región. Romper treguas es un antiguo y salvaje deporte que todos practican allí donde una forma u otra de guerra persiste desde hace al menos cien años. Pese a su precariedad,

aremos-una-nueva-generacion-que-luche-contra-israel.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2026-04-18/regreso-al-sur-de-libano-levantaremos-una-nueva-generacion-que-luche-contra-israel.html" data-link-track-dtm="">su inicio es un momento de alegría y esperanza que explota en las calles y apenas empaña la obstinación de quienes la consideran compatibles con su derecho a seguir bombardeando, demoliendo viviendas y ocupando territorios ajenos, como hace Israel, o lanzando misiles contra el país vecino, como Hezbolá.

Treguas así son un milagro si se sostienen. La declarada entre Irán y Estados Unidos, sin intercambio de misiles sobre los cielos del Golfo hasta el 22 de abril, coincidirá durante unos días con la del Líbano, sin hostilidades oficialmente reconocidas hasta el 26 del mismo mes. Si no callan de verdad las armas entre Israel y Hezbolá mal podrán proseguir las conversaciones de paz entre iraníes y estadounidenses, dispuestos de nuevo a negociar bajo patrocinio paquistaní, tras las 21 horas en las que se sentaron frente a frente sin resultados los pasados 11 y 12 de este mes.