Los partidos nacionalistas europeos celebraban hace unos meses el apoyo de la Casa Blanca. Pero la guerra de Irán y el comportamiento errático del presidente de EE UU pueden convertirlo en un lastre
Cuando a principios de 2025 Donald Trump regresó al poder, y él y sus colaboradores redoblaron las arengas en favor de la extrema derecha europea, en este campo ideológico aquello sonó a bendición.
“¡Sensacional!”, comentó a EL PAÍS, un día al terminar un mitin electoral en un pueblo cerca de la frontera germano-polaca, el copresidente de Alternativa para Alemania (AfD), Tino Chrupalla. El político alemán había escuchado, el mismo día, el ataque del vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, a las élites europeas en un discurso en Múnich. “Nunca había oído un discurso tan bueno de un político extranjero en Alemania”, celebró.
Poco más de un año después, queda poco, en estos partidos, de la euforia por ser los elegidos de Trump y los aliados privilegiados de la primera potencia mundial. La euforia, con el tiempo, se transformó primero en incomodidad y finalmente en rechazo.
El idilio se ha truncado, y no hay ejemplo más elocuente que el rifirrafe que esta semana han mantenido el presidente de EE UU y Giorgia Meloni, que hasta hace poco era una de sus aliadas privilegiadas en Europa. “Yo pensé que ella era valiente, pero me equivoqué”, se quejó Trump después de que Meloni calificara de “inaceptables” las críticas del presidente estadounidense al papa León XIV. La primera ministra italiana también se ha distanciado de la guerra de Trump en Irán.






