La decana del instrumento celebra su centenario con varias exposiciones y una cincuentena de conciertos, incluido un maratón en el Palau de la Música Catalana junto a sus discípulos y un gran homenaje en el Auditorio Nacional

A Montserrat Torrent (Barcelona, 100 años) se la conoce como la dama del órgano, pero su inigualable magisterio bien merece otra distinción. Nació el 17 de abril de 1926, cuatro días antes que Isabel II de Inglaterra, lo que significa que lleva reinando en la pedalera de los templos más de siete décadas. El equivalente a 1.700 conciertos, con sus momentos de éxtasis y sus tormentos. “Un día mi vida se transformó”, le cuenta la organista a una grabadora, pues su sordera le impide atender llamadas. “Escuché un coral de

ch-de-leipzig-desvela-dos-obras-hasta-ahora-desconocidas-del-compositor-aleman.html" rel="" data-link-track-dtm="">Bach y me quedé como caída del caballo ante una música tan sobrecogedora”. Tenía entonces 12 años y vivía “entre cabritos y conejos” en Santa Coloma de Farners. “Mi familia se quedó en Barcelona hasta que cayó una bomba tan cerca que sentí la ráfaga en la cara”, recuerda.

A su madre, que había sido alumna de Granados, le debe sus primeras lecciones de piano. “Me ponía una moneda de cinco céntimos sobre los nudillos y me daba un premio si acababa la pieza sin tirarla”. Su prometedora carrera como pianista quedó truncada por la guerra, pero el destino le tenía reservada una sorpresa en el órgano desafinado, “casi dodecafónico”, de la parroquia de Sant Esteve, que probó durante su breve exilio rural. “Supe enseguida que ese era mi sitio”. Una beca del Instituto Francés le permitió estudiar con Noëlie Pierront en París. “Ya no era solo la música lo que me conmovía, sino también la manera en que el instrumento la hacía crecer”. A su regreso a España, muchos órganos históricos habían sido quemados o destruidos. “Decidí que esa sería mi gran batalla: traerlos de vuelta”.