El exministro alemán que llevó a Los Verdes al Gobierno es un perspicaz observador. Señala que Europa debe prepararse para el fin de la protección americana: “Veremos si la OTAN sobrevive”

Hay imágenes que nunca desaparecen de la retina de un país, de su memoria política y popular. Una de ellas es la de Joschka Fischer (Gerabronn, Alemania, 78 años) con zapatillas deportivas jurando el cargo de ministro en el Estado federado de Hesse, en 1985. Por primera vez Los Verdes, movimiento asambleario nacido unos años antes, entraba en un Gobierno regional. Era un cambio de época. Trece años después,

s.com/autor/joschka-fischer/" data-link-track-dtm="">Fischer se convertiría en vicecanciller y ministro de Exteriores del primer Gobierno federal con Los Verdes, aliados con el Partido Socialdemócrata del canciller Gerhard Schröder.

Todo esto queda lejos. Ahora Joschka Fischer es un venerable abuelo que visita a menudo Andalucía, donde viven sus nietos, un perspicaz observador del mundo y autor de ensayos políticos (el más reciente, Die Kriege der Gegenwart und der Beginn einer neuen Weltordnung, las guerras del presente y el inicio de un nuevo orden mundial, sin traducir al español), pero no ha perdido la pasión por argumentar y convencer. En la sala donde se desarrolla la conversación, en unas oficinas en el centro del viejo Berlín Occidental, tiene una foto de una reunión de ministros de Exteriores del G-7 en Canadá, con una dedicatoria del anfitrión, alusión a sus combates juveniles: “Joschka, un verdadero anarquista, nunca un trotskista”.