Hace muchos años, el Foro Económico Internacional de San Petersburgo acogía a líderes mundiales como Angela Merkel, Xi Jinping, Emmanuel Macron o José Luis Rodríguez Zapatero. La invasión rusa de Ucrania, en 2022, lo cambió todo. El gran evento empresarial ruso es hoy una pálida imitación de lo que fue. Este año, sus grandes atracciones han sido un filósofo del ultranacionalismo ruso y el jefe de la comisión de Bellas Artes de Donald Trump, además de Vladímir Putin.Esa pérdida de lustre, sin embargo, no significa que Rusia esté aislada: aún se hacen negocios entre bambalinas. A unos pocos kilómetros del recinto que lo acoge, en la sede del gigante gasista del Kremlin, Gazprom, una delegación del partido ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) mostraba el miércoles su lealtad a Moscú. “Nuestra conversación ha girado en torno a la posibilidad de reanudar los suministros de gas ruso [a Alemania] a través de los gasoductos Nord Stream”, manifestó el portavoz de Exteriores de esa organización, Markus Frohnmaier, en la red social X. “Todas las opciones deben estar sobre la mesa […] Nuestra tarea es ser intransigentes y colocar los intereses nacionales alemanes en el centro”. Al lado, una foto de él mismo dando la mano al máximo responsable de Gazprom, Alexéi Miller, con una amplia sonrisa.Frohnmaier aprovechó su viaje para reunirse con uno de los jefes negociadores rusos con Estados Unidos sobre Ucrania, Kirill Dmítriev, empresario e íntimo de la familia Putin. “Esperamos construir un GRAN FUTURO junto con AfD, el partido más popular de Alemania”, dijo en sus redes sociales el político ruso. La sintonía es total.Putin ha dado “la bienvenida” a fuerzas políticas como AfD en un encuentro paralelo con las grandes agencias de noticias internacionales donde también ha tentado a las autoridades germanas con que podría restablecer el suministro de gas por el Nord Stream “mañana” si cedieran. En aquella rueda de prensa, el presidente también ha insinuado que se plantea utilizar su misil balístico contra Ucrania “incluso en zonas urbanas”, y ha amenazado con intensificar sus bombardeos contra Kiev: “Rusia va a reforzar sus defensas antiaéreas; Ucrania no tiene estos sistemas”.El Kremlin lleva tres décadas utilizando el suministro de gas como un arma para presionar a la UE, a Ucrania, a Armenia, a Moldavia y al resto de países vecinos que lo necesitan. En 2022, poco antes de la voladura del gasoducto Nord Stream 2, Rusia cortó el grueso de los envíos de este combustible a Europa como represalia por su apoyo a Kiev. Alemania, reticente a mostrar su apoyo a Ucrania hasta la invasión, importaba de Rusia un tercio del petróleo y la mitad del gas que consumía.Bajo la sombra de la crisisEl encuentro entre el brazo gasista del Kremlin y AfD se produjo en los márgenes del Foro Económico de San Petersburgo, donde estos días se concentra prácticamente toda la élite económica rusa. Fuentes empresariales cuentan a este periódico que el evento ha decaído bastante porque ninguna compañía extranjera quiere llamar la atención sobre sus negocios. Aun así, sigue habiendo contactos fuera de sus pabellones. “Rusia nunca ha llegado a estar aislada del todo”, añaden.El foro comenzó el miércoles con una enorme columna de humo en el horizonte, producto de un ataque masivo ucranio sobre la región. Otra tormenta, la crisis económica, se dejó sentir en el evento en forma de renuncia a última hora de la gobernadora del banco central ruso, Elvira Nabiúllina, alegando motivos de salud.La jefa del instituto emisor, crítica con el calentamiento de la economía por el ingente gasto militar, debía debatir con el ministro de Finanzas, Antón Siluánov. “Han subido los impuestos y existía el riesgo de que nos hubiéramos excedido en algún aspecto. No, no lo hemos hecho”, aseguró el responsable de la política económica rusa.Los empresarios lo ven de otra manera. “La economía va fatal. La subida de impuestos nos está ahogando este año”, afirmó un ejecutivo de una popular plataforma de comercio electrónico en conversación con este diario. El Ejecutivo acometió una subida masiva de impuestos al inicio del año que, combinada con los elevados tipos de interés, está asfixiando el consumo.“Intentan recaudar por todos lados. Antes nos beneficiaba no pagar impuestos indirectos con las importaciones paralelas [la legalización de facto del contrabando de productos extranjeros por el Kremlin para evadir las sanciones], pero ahora comprueban todas las importaciones en la frontera”, explicó.Promesas huecasEl enviado especial de Putin para las negociaciones con Estados Unidos, el empresario Kiril Dmítriev, intentó dar el campanazo con un anuncio que solo suena a promesas huecas. El empresario adelantó que supuestamente Rodney Mims Cook Jr., el delegado estadounidense de Bellas Artes, firmará este viernes un acuerdo para proseguir con el diseño de un túnel que una ambos países entre Alaska y Chukotka, un proyecto que Washington y Moscú discuten desde el siglo pasado y que nunca se ha materializado.Dmítriev tenía poco más que ofrecer, salvo optimismo. El enviado de Putin mencionó que ambas potencias pueden hacer negocios conjuntos en energía e inteligencia artificial, pero sus conversaciones no han arreglado ni siquiera las restricciones mutuas a sus embajadas. Pese a que Donald Trump llegó hace año y medio a la Casa Blanca, Dmítriev culpó a su antecesor, Joe Biden, de dejar sus relaciones “en un punto muy difícil”. Según sus cifras, hay unas 300 empresas estadounidenses operando en Rusia hoy.Sin grandes figurasEl Foro de San Petersburgo carece de grandes figuras en esta edición. La estrella del primer día fue el filósofo ultranacionalista Alexánder Dugin, quien dibujó tres escenarios: el positivo ―para el Kremlin― incluía la ocupación de Ucrania y el colapso de la Unión Europea antes de 2036; el negativo, la pérdida de influencia en los antiguos territorios soviéticos; el inercial, una guerra nuclear si la batalla contra Kiev continúa enquistada.Putin esperaba mayores concesiones de Trump cuando llegó al poder el año pasado, pero el presidente estadounidense solo ha levantado algunas sanciones al petróleo ruso, de forma temporal, para evitar el colapso del mercado por su guerra contra Irán. De hecho, las negociaciones entre EE UU y Rusia sobre sus relaciones bilaterales y Ucrania están totalmente congeladas. Por ello, la participación en el foro del jefe de la Comisión de Bellas Artes de Trump, Rodney Mims Cook Jr., causó una enorme expectación entre los rusos.El diseñador evitó entrar en polémicas y se limitó a mostrar una galería de fotos familiares de anteriores viajes a Rusia, así como algunos proyectos arquitectónicos en EE UU y su dacha (la casa de campo rusa) allí. Fue una exposición tan aburrida que pocos prestaron atención a que Cook compartió una antigua fotografía en la que visitaba la Fundación Soros en Moscú, a la que la propaganda rusa ―y también la de la extrema derecha occidental― señala como gran culpable de todos los desastres geopolíticos desde la caída de la URSS. Su ONG, de hecho, ha sido declarada “indeseable” por el Kremlin y es delito interactuar con ella.A pesar de no aportar nada, la participación del estadounidense en el foro ha sido polémica. Washington negó haber enviado una delegación al evento. “Desconozco que se haya enviado allí una delegación”, afirmó este jueves el secretario de Estado, Marco Rubio. “Sé sobre el evento, sé lo que están organizando, pero no creo que se hable de altos cargos”, subrayó el jefe de la diplomacia estadounidense.En cualquier caso, la presencia de Cook le sirvió al Kremlin para intentar reactivar el acercamiento a Washington y pedir que se levante el veto a sus artistas. “Hasta hace poco nuestras figuras culturales impulsaban numerosos proyectos en todos los ámbitos. Giras de músicos, cooperación en arquitectura y conservación de monumentos culturales. Confío en que reactivar los intercambios culturales siga siendo nuestro objetivo, siempre y cuando sea una relación recíproca”, señaló la ministra de Cultura rusa, Olga Liubímova, animando a Washington a descongelar los contactos a través de estos intercambios.“La cultura nos ayuda a conocernos unos a otros, a ver los valores de los otros. Nuestros hijos no tienen esa oportunidad hoy. Los artistas estadounidenses no vienen a Rusia, ni los rusos a Estados Unidos”, señaló, por su parte, Svetlana Chupsheva, directora del Centro de Iniciativas Estratégicas del Kremlin. “Prohibimos libros y películas [de otros países]. Es una catástrofe porque las futuras generaciones no se entenderán unas a otras”, subrayó sin hacer referencia a la dura censura que sufren hoy los artistas rusos que no apoyan al Kremlin y su invasión de Ucrania.Cook compartió panel con el actor estadounidense Steven Seagal, protagonista de Alerta Máxima y Duro de matar, y que afirma, desde su exilio autoimpuesto en Rusia, que “las películas de Hollywood se han hundido en los últimos cinco o seis años por la política”. “Una vez recibí un memorándum que decía que cualquier película que hagamos debe tener protagonistas de culturas sexualmente liberadas. Si no lo hacíamos, no podíamos presentar nuestras películas a los Oscar”, afirmó Seagal. Sin mencionar, en ningún momento, el hecho de que toda la industria cinematográfica rusa esté sometida al Kremlin y que sus leyes prohíban incluso mostrar mujeres que no desean ser madres.Otro de los ponentes del foro ha sido el empresario ruso-estadounidense David Geovanis, al que el fiscal Robert Mueller acusó de haber recopilado información comprometedora sobre Trump organizando fiestas en Moscú cuando el magnate visitó el país en 1996 para buscar un emplazamiento para una de sus torres.
Ultraderecha alemana, Steven Seagal y una delegación ‘fantasma’ de Trump: Putin exhibe su poder blando en San Petersburgo
El foro económico palidece tras cuatro años de guerra, pero se siguen tejiendo lealtades y contratos entre bambalinas










