Mützenich en el Bundestag durante el debate por el presupuesto 2025, en septiembre de 2024. Presidió el bloque del SPD entre 2019 y 2025, los años más turbulentos de la coalición de Scholz (REUTERS/Annegret Hilse)Hay una raza de político europeo que está en retirada y de la que Rolf Mützenich es probablemente uno de los últimos exponentes en activo. Tiene 66 años, un doctorado en Relaciones Internacionales, una especialización académica en control de armamentos y desarme nuclear, y la costumbre, hoy casi disidente, de responder a las preguntas con frases largas, con incisos, con citas históricas y con una sintaxis que se permite el lujo de la complejidad. Diputado del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) desde 2002, presidió el grupo parlamentario socialdemócrata en el Bundestag entre 2019 y 2025, los años más turbulentos de la coalición tripartita de Olaf Scholz, de la invasión rusa a Ucrania y del primer rearme europeo desde la Guerra Fría. A los eslóganes del marketing político prefiere los argumentos. A las consignas, los matices. Y a las certezas, una forma muy alemana de melancolía ilustrada.Su visita a Buenos Aires, invitado por la Fundación Friedrich Ebert (FES), coincidió con un panel sobre la Argentina, el desorden internacional y la incertidumbre que se celebró en un centro cultural del centro porteño. Allí, Mützenich pronunció la frase que terminó funcionando como subtexto de su paso por Buenos Aires: “Podremos darnos por satisfechos si conseguimos sobrevivir juntos a los próximos veinte o treinta años”. Antes había comparado el momento actual con los meses previos al estallido de la Primera Guerra Mundial, esta vez agravados —dijo— por la combinación de armas nucleares, crisis climática y una pobreza global que el siglo XXI no ha conseguido erradicar. El diagnostico colorea cada una de sus respuestas.PUBLICIDADMützenich durante el panel "Argentina en el des-orden internacional", organizado en Buenos Aires por la Fundación Friedrich Ebert, afín al SPD alemán. Allí dijo: "Podremos darnos por satisfechos si sobrevivimos a los próximos 20 o 30 años" (Foto: Fundación Friedrich Ebert)La entrevista con Infobae se desarrolló en la previa del panel, con la asistencia de una intérprete de alemán. Mützenich, de trato afable y un punto irónico, fue desgranando sin prisa una agenda que él mismo no se preocupa por ordenar en titulares: el avance de la ultraderecha; los errores de la socialdemocracia en los ’90; la negociación entre Washington y Moscú sobre Ucrania; el rearme alemán impulsado por el canciller democristiano Friedrich Merz; la guerra contra Irán. Y, sobre todo, de la posibilidad —para él, urgente— de que América Latina y Europa coordinen una respuesta común frente a la rivalidad entre grandes potencias.—¿Cómo se mira hoy a América Latina desde Berlín? ¿Tiene margen para construir autonomía o es un tablero secundario en la pugna entre Estados Unidos, China y Rusia?PUBLICIDAD—Puedo darle solamente mi visión personal, pero estoy seguro de que hablo en nombre de muchos si digo que América Latina es imprescindible para configurar un nuevo orden mundial. No lo digo por amabilidad: estoy convencido de que en esta reorganización del orden internacional es necesario que se junten regiones y países que puedan ejercer un contrapeso frente a las grandes potencias. América Latina tiene una sensibilidad particular sobre cómo sustraerse a largo plazo a los poderes extranjeros. Es una región marcada por un largo colonialismo y, a la vez, por la liberación de esas dependencias coloniales. En los años sesenta, durante la crisis de Cuba y después, mostró un intento de desarrollarse de manera más independiente de las grandes potencias. El Tratado de Tlatelolco, sobre la zona libre de armas nucleares, es para mí un ejemplo muy importante de esa autonomía. Hoy vemos cuánta presión recibe América Latina por parte de Trump y de la reactivación de la Doctrina Monroe. Europa también está bajo un intento de determinación externa. Por eso espero que el acuerdo con el Mercosur contribuya a una cooperación más intensa, no solo económica, sino también política y social.