La directora de ‘Plan 75′ recuerda ahora su infancia, y se retrata como una niña de 11 años con un padre con cáncer terminal y una madre distante

En un momento de plena renovación de la industria japonesa ajena al cine de género y al formato animado —vertientes en las que no pocos directores traspasan fronteras con continuidad—, además del maestro Hirokazu Kore-eda y del prestigioso

https://elpais.com/cultura/2022-02-04/ryusuke-hamaguchi-el-director-que-se-esconde-tras-la-soberbia-drive-my-car.html" data-link-track-dtm="">Ryûsuke Hamaguchi —Drive My Car, Oscar a la mejor película internacional, y El mal no existe, Gran Premio del Jurado en Venecia—, parece que va siendo hora de apuntar en la cabeza un nuevo nombre: Chie Hayakawa, mujer de 47 años que con apenas dos largometrajes y presencias consecutivas en Cannes, primero en la sección Una cierta mirada y luego en la Competición por la Palma de Oro, ha demostrado su talento a través de sendos relatos de enorme singularidad en su narrativa y en sus postulados, abarcando además los dos extremos de su sociedad, la tercera edad y la primera.

Plan 75, estrenada en los cines españoles en este mismo mes de abril de hace tres años era un sobrio dolor de muelas emocional y artístico con un distópico punto de partida nada descabellado para los tiempos que corren: con el objetivo de aliviar los problemas demográficos y económicos en materia de pensiones, y a consecuencia de la escalada de crímenes de odio contra los ancianos, el gobierno japonés los alentaba a optar por el suicidio asistido llegada la edad del título de la película. En Renoir, su segundo trabajo como directora, en cambio, centra su mirada en una niña de 11 años a la que las circunstancias parecen querer convertir en una adulta precoz: padre con cáncer terminal y madre seca, distante y superada por la coyuntura, incapaz de entrever la soledad de su hija.