El triunfo de la derecha en gran parte del mundo ha producido el desarrollo de un absolutismo político involutivo y un absolutismo económico, sin límites al mercado

La reunión de líderes progresistas de todo el mundo promovida estos días en Barcelona por el presidente Pedro Sánchez para acordar una respuesta común a la involución autoritaria de nuestras democracias y a las violaciones del derecho internacional, es ya en sí misma un primer paso hacia la construcción de una alterna...

tiva a la extrema derecha. Está claro que esta alternativa no puede ignorar los dos terribles flagelos que son consecuencia de esa involución: las guerras ilegales de agresión desencadenadas por Putin, Netanyahu y Trump, que amenazan con degenerar en un conflicto nuclear, y la ausencia de medidas destinadas a hacer frente al calentamiento global que, si no se detiene, convertirá a la Tierra en un lugar inhabitable.

No basta, frente a estos flagelos, con lamentarse sobre el colapso del orden internacional y la ceguera de nuestras derechas gobernantes, unidas por el negacionismo de la cuestión ecológica —“la mayor estafa de la historia”, como la llamó Donald Trump—. Tampoco basta con defender el derecho internacional vigente y sus instituciones actuales, cuyo fracaso ha puesto de manifiesto su total impotencia e inadecuación. Una respuesta racional y realista a este fracaso, por parte de las fuerzas democráticas reunidas en Barcelona, debería consistir en un proyecto de refundación constitucional de las Naciones Unidas, que imponga límites y restricciones jurídicas, por el interés de todos, a los actuales poderes salvajes de las potencias nucleares y de los mercados globales. Esta constitucionalización de la ONU solo puede llevarse a cabo con la introducción de un complejo sistema de garantías, sin las cuales los principios universales proclamados en tantas cartas internacionales —la paz, la protección del medio ambiente y la igualdad en los derechos humanos— no son más que palabras, promesas incumplidas.