La ultraderecha española lleva tiempo queriendo huir de la Unión Europea

Vox ha perdido a su gran referente en Europa, que era Viktor Orbán. Es difícil saber cómo influirá todo ello en el futuro del partido de Santiago Abascal, que

recurrir-a-un-credito-de-siete-millones-de-la-banca-hungara-de-orban.html" data-link-track-dtm=""> incluso pidió un préstamo a un banco húngaro. Abascal atraviesa un momento enrarecido políticamente: sufre un frenazo en algunas encuestas —pese a su crecimiento reciente— y cada vez generan más recelo sus compañías internacionales. No es tan raro sospechar, a estas alturas, sobre qué modelo de democracia defiende realmente la ultraderecha española.

Precisamente las elecciones húngaras han permitido conocer mejor qué representaba Orbán para sus ciudadanos: durante 16 años, el primer ministro saliente promovió un giro iliberal que chocaba con los estándares de Bruselas. Vox podrá negar que pretenda ese paradigma para España, pero no es menos cierto que eligió integrarse en el grupo Patriots y rodearse de esos aliados porque quiso. Para ello, tuvo que salirse del grupo de Giorgia Meloni en la Eurocámara: aunque la líder italiana también es contraria a la inmigración, aplica una estrategia más posibilista dentro de las instituciones gobernadas por Ursula von der Leyen. Por su lado, el ganador de las elecciones húngaras, el proeuropeo Péter Magyar, parece que tampoco plantea revertir la política migratoria de su antecesor, por más que Vox sugiera que Hungría se convertirá en adelante en un país con barra libre para la llegada de extranjeros.