El líder de la Premier hace valer su mínima ventaja de la ida en un mal partido ante el Sporting para estar entre los cuatro mejores equipos de Europa por cuarta vez

Por segunda campaña consecutiva, por cuarta vez en su historia, el Arsenal pone pie en las semifinales de la máxima competición continental. Sin brillo, pero con brío, en un momento de la temporada en el que emite señales de bloqueo, huérfano de futbolistas diferenciales de medio campo hacia delante como Odegaard o Merino. Ese Arsenal que durante largos pasajes del curso lució exuberante semeja ahora un equipo cansado. Ante el Sporting luso, un equipo que apenas en 1983 se había dejado ver a esta altura de la competición, se dejó ir hasta que se llevó un par de sustos. Luego quiso imponerse, pero sin argumentos. Y siempre sintió la amenaza de su rival, un equipo tan meritorio como limitado que llegó vivo hasta los minutos de la verdad entre la preocupación de la grada, que festejó el pase entre una mezcla de algarabía y alivio para citarse con el Atlético en semifinales. El líder de la Premier llega con lo justo a esa cita.

Se clasificó el Arsenal, que hizo valer el gol de Havertz en Lisboa. Por el camino pasó por algún apuro, como el que le generó el lateral Quaresma en el final de la primera parte con un disparo que acabó en uno de los palos de la meta de David Raya. Se dejó ver el Sporting, que nunca ha llegado a una semifinal de la Champions. Tampoco es que lo mereciese en esta ocasión, peleón, pero sin argumentos para hacerle daño a su rival, que fue a más con el paso de los minutos y acabó defendiendo el resultado con el balón en los pies.