Un gol de Lookman permite a los rojiblancos acceder por cuarta vez a la penúltima ronda de la gran competición europea en la era Simeone tras un intenso partido en el que Barça acabó con diez y llegó a igualar el 0-2 de la ida a los veinte minutos

En un partido salpicado con todos los ingredientes emocionales de la Copa de Europa, el Atlético hizo bueno el 0-2 de la ida. Sufrieron los rojiblancos incluso con diez para firmar la cuartar semifinal de la gran competición europea en la era Simeone. Al Barça le queda la salvaguarda del insuficiente 1-2 y de no haberse vencido ni cuando a falta de diez minutos Eric García vio la roja. El arte de Lamine y su empeño de driblador empedernido encarnó el orgullo y la casta de un equipo que nunca enseñó la bandera blanca. Tampoco lo hizo el Atlético cuando recién sobrepasados los primeros 20 minutos había dilapidado la ventaja del Camp Nou. El Arsenal o el Sporting de Lisboa aguardan a los madrileños.

En los onces de uno y otro había lecturas claras. Simeone despejó su gran duda alineando a Musso. Más allá de la cortesía de concederle la Copa al segundo portero, la decisión era histórica desde el punto de vista de la trayectoria de Oblak. Era la primera vez que el meta esloveno cataba el banquillo en un partido trascendental estando en condiciones de jugar. Flick también hizo sus apuestas. Prescindió de Araujo y le otorgó a Gavi la condición de escudero de Pedri. Para un partido visceral y de ritmo endemoniado, el volante andaluz cuadraba bien. Que Ferran ocupara la punta del ataque fue más lógico después de su renacer en el derbi barcelonés. Y como en el caso de Gavi, más adecuado para el combate físico y el ataque de los espacios que Lewandowski. Lo mismo para el punzante Fermín, que sentó a Rashford. Para un partido de mucha piel, jugadores de corazón caliente.