Los soldados adaptaron su equipación a un espectacular cinto vacceo

El emperador Augusto estaba harto de aquellas tribus del norte peninsular que se resistían a la bota de Roma. Así que envió a sus soldados a aplastarlas. Es el episodio conocido como guerras astur-cántabras, que se extenderán entre el 29 a. C. y el 19 a. C. Aunque finalmente logró la victoria, no todo fue un paseo militar, con derrotas frente a los pueblos indígenas. Eso provocó que uno de sus soldados fuese atrapado por los cántabros y sacrif...

icado en el interior de la cueva de La Cerrosa-Lagaña (Suarías, Peñamellera Baja, Asturias). Su cuerpo quedó abandonado en el interior de la cavidad junto a su panoplia. [Este texto es un extracto del boletín semanal sobre arqueología de EL PAÍS, ‘Cuatro piedras’. Para recibir la newsletter, puedes apuntarte aquí].

De entre todos los objetos que portaba, destacaban dos: la vaina de un puñal y un cinturón articulado de bronce formado por láminas. Lo curioso es que este cinto no había salido de un taller romano, sino de uno vacceo, pueblo prerromano del interior peninsular. Dicho de otra manera, el cinturón que vestía el soldado fue diseñado por artesanos indígenas, y con modificaciones posteriores, terminó convirtiéndose en el cinturón que lucirán, a partir de entonces, los soldados del imperio, el cingulum. Es decir, los arqueólogos habían encontrado en una cueva asturiana al padre de todos los cinturones de los legionarios y tropas auxiliares de Roma.