El argentino, apasionado de la astrología, es un titán en la gestión de los intangibles que muchas veces determinan el destino de un partido, aunque esta vez los astros estén completamente de su lado
Una parte de la afición del Espanyol se molestó el sábado con los cánticos que la grada del Camp Nou profirió a su equipo. También con los saltos que los jugadores dieron luego al son de lo de “Perico, dime qué se siente”, un coro que lleva ya algunos años haciendo las delicias de los más jóvenes del equipo. Gavi, Casadó, Lamine o Fermín. Los que han vivido derbis a granel y sangre en campos pequeños de hierba artificial en los...
que las diferencias son menores y el resultado no se da nunca por sentado. El cántico destila ahora rivalidad, competencia, camiseta. Y no parece tan malo que los derbis de Barcelona vuelvan a ser disputados, sin que eso signifique necesariamente invadir el campo para zurrar a los jugadores al final del partido.
A Simeone, el mejor para lidiar con los asuntos del alma —y del ego—, le preguntaron una vez por los coros que le dedicaba el Bernabéu llamándole cornudo. Creo que respondió algo así: “No sé, no lo oía. No se escucha mucho al público en este estadio”.
La gestión de las emociones, como la política, la haces o te la hacen. Y el entrenador del Atlético de Madrid, apasionado de la astrología y las corrientes gravitacionales de las que hablaba Franco Battiato, esas que también envuelven este deporte, para eso es el número uno. Cuando llega a un equipo, lo primero que pregunta sobre sus jugadores es su signo del zodiaco. Fue cosa de Nilda, su madre. ¿Y si, por una de esas casualidades del azar, la cuenta del horóscopo no sale?, le preguntaba hace años el periodista Jesús Ruiz-Mantilla. “Entonces pasamos al plan B. O sea, lo que yo digo”.








