Un espacio oculto hallado en un chalé que fue del acusado afianza la teoría de que el cadáver no estuvo todo el tiempo en la cuneta donde fue hallado

La casa maldita de Traspinedo (Valladolid, 1.308 habitantes) cambió de dueños en diciembre. Un vecino compró el chalé, pintarrajeado con amenazas contra el anterior propietario, la familia de Óscar Sanz, acusado de matar allí a Esther López en 2022. Los investigadores sostenían que la madrugada del 12 de enero él la golpeó, intentó asfixiar y atropelló cerca del inmueble, la dejó ...

moribunda, cogió el cuerpo creyéndola muerta, lo guardó en algún sitio y después lo depositó en la cuneta donde se descubrió el 5 de febrero. No lo podían probar, no sabían dónde la escondió antes de abandonarla. Así pasaron cuatro años hasta que el nuevo habitante, haciendo obras, encontró un “zulo en bruto” bajo unas literas en una habitación. Oro para los investigadores. Un espacio oculto, bajo tierra, afianzando los indicios: hongos extraños en el cadáver, arenisca ajena a la cuneta y los movimientos del iPhone de López, “con descensos y ascensos en una casa sin escaleras”. La familia de Sanz negó que hubiera altillos o bodegas en la casa. Pero no zulos.