La responsabilidad de la izquierda alternativa es inmensa y debe apostar por una unidad electoral aunque sea imperfecta

A los humanos nos cuesta asumir la imperfección. En lo más íntimo de nosotros pretendemos ser a “imagen y semejanza” de los dioses, a los que hemos creado como seres sin límites. ...

De la búsqueda de la perfección nacen algunas de nuestras patologías. Entre ellas esa utopía distópica de la sociedad sin riesgos. El mito de la fuerza irresistible de las ideas, uno de los legados menos luminosos de la Ilustración, ejemplifica la atracción fatal que sentimos por la perfección.

Estas reflexiones me asaltaron en el marco del intercambio epistolar que mantuve con el amigo Manuel Cruz a raíz de su artículo Pensar en el día después. Y me dispongo a compartirlas.

Coincido con él que las izquierdas precisan de un proyecto con el que ilusionar a una ciudadanía atrapada por un cóctel de emociones. Entre ellas, la inseguridad ante el futuro y la nostalgia respecto a un pasado idealizado.