Cuatro años después de su segunda entrega, la serie protagonizada por Zendaya no despeja sus interrogantes en su primer episodio

¿Habrá valido la pena esperar cuatro años para ver cómo continúan las historias de Rue, Cassie, Nate, Lexi y compañía? Esa es la principal duda que plantea el regreso de Euphoria. Su primer capítulo, ya disponible en HBO Max, no despeja demasiado esta duda, o si la responde, no lo hace de una forma muy satisfactoria. Los medios anglosajones, que sí han podido ver algo más de la serie, son más contundentes y, en su mayoría, lo critican; nosotros tendremos que esperar para comprobarlo.

Los espectadores se reencuentran con Euphoria tras un salto temporal. Ya no asistimos a las oscurísimas circunstancias de las vidas de un grupo de adolescentes en el instituto. Las clases han quedado atrás y ahora son adultos con vidas propias, aunque algunas siguen siendo igual de problemáticas. Y a partir de aquí, vienen detalles de la trama. Rue (Zendaya se entrega a la causa y sigue siendo lo mejor de la serie) trabaja como mula para pagar una deuda. Traga bolas de droga y las pasa de un lado a otro de la frontera con México. En una de esas misiones encontrará una tabla a la que agarrarse en el que cree que es su trabajo soñado: apagar incendios en un sórdido club. Es evidente (para cualquiera menos para ella) que ha salido de Málaga para meterse en Malagón. Mientras, también cree encontrar una vía de escape en la fe y el cristianismo.