Javier Díaz Plaza |
Tarragona (EFE).- Marc Barceló es un niño prodigio del ajedrez: con seis años no quiso ir a un campamento de verano y su padre le enseñó a jugar para que se entretuviera en casa sin imaginarse que, tres años después, iba a proclamarse campeón del mundo en la categoría sub-9 en un campeonato celebrado en Turquía.
«En un mes ya ganaba a mi padre», recuerda Barceló (Tarragona, 2016), para quien el ajedrez es «como un videojuego que desarrolla el cerebro y es muy divertido».
Durante aquel verano, su padre, que se llama Javier y es natural de Zaragoza, le instaló una aplicación en el teléfono móvil para que jugara online con gente de cualquier sito. «La mayoría de los rivales eran mayores que yo, pero casi siempre ganaba», dice Marc, que estudia cuarto de primaria y tiene altas capacidades en Matemáticas.
El ajedrez dejó de ser un pasatiempo contra el aburrimiento en vacaciones y ahora es una parte fundamental de su vida: entrena dos horas al día, entre clases presenciales y en línea, y a su corta edad ya tiene un palmarés envidiable.







