El documental ‘El pequeño peón’, de Joan Gamero, revela la faceta más íntima del joven talento, los intentos del régimen franquista de explotar su imagen, su vida como padre y la lucha contra su enfermedad mental

Un adolescente jugando al ajedrez con un vaso de leche al lado del tablero, frente su contrincante, el adulto Francisco José Pérez, en el Torneo de Madrid de 1943. Ese era Arturito Pomar, el niño prodigio que fue elegido por Francisco Franco como embajador de la cultura española en los años cuarenta y no pudo llegar tan lejos como su talento prometía. El documental El pequeño peón, dirigido por Joan Gamero, rescata su historia a través de las voces de sus hijos, seguidores de su carrera y maestros de ajedrez.

“Yo sabía que era muy famoso, un ajedrecista brutal, genial, pero no conocía el trasfondo”, explica Gamero, quien comenzó el proyecto tras escuchar las historias que su amiga Sol Pomar, hija del ajedrecista, le contaba mientras jugaban una partida. La película no solo retrata la carrera de Arturo Pomar, sino también su vivencia familiar como padre de siete hijos y la enfermedad que sufrió como consecuencia de la sobreexposición mediática y deportiva. Gamero lo consigue a través del testimonio de los familiares y el médico que trató al ajedrecista: “La gente sale del cine triste, emocionada de ver a una persona que lo pasó mal en su vida y podría haber sido un campeón del mundo”.