La canaria, de 20 años, certifica el pase a la fase final de septiembre después de que Sorribes y Bolsova allanasen el camino. La serie ante Eslovenia se resuelve por (3-1)
Brinca a orillas del mar Adriático el equipo español de la Billie Jean King Cup, que viajó a Portoroz con la misión de lograr un billete para la gran cita de septiembre en Shenzhen y, una vez resuelta la historia, ya 3-1 a su favor, lo celebra con un baile en forma de corrillo. Euforia más que justificada, por eso de las ausencias (Paula Badosa, referente actual en horas bajas) y los imprevistos (la lesión a última hora de Cristina Bucsa). Trabas varias, no era sencillo. Pero incluso con esta alineación nueva y de circunstancias —dos debutantes todavía por curtir y dos veteranas en situaciones muy particulares— se constata la superioridad sobre Eslovenia, demasiado tierna a pesar de competir en casa, y se abraza la clasificación para las Finales.
El día señala a una protagonista, la joven Kaitlin Quevedo. De 20 años y debutante en la competición, luce el buen tono del día anterior, cuando sumó el primer punto —merced a la retirada de Tamara Zidansek, set iguales— y desplegó ese tenis guerrillero que propone otra vez frente a Veronika Erjavec, vencida por 7-6(4) y 6-2 (en 1h 53m). De madre estadounidense y padre canario, nació en Florida y hace tres años, con 17, se mudó a Barcelona para formarse en el TEC. En 2024 adoptó la nacionalidad y ante el desarrollo de los acontecimientos, la capitana Carla Suárez recurrió a ella para este compromiso envenenado que a su vez ha supuesto su carta de presentación. Buen sabor de boca. “Soy competitiva”, remarca. “Y he aprendido mucho aquí”.







