Los detalles de la operación ‘Balarama’, que ha logrado desarticular esta red de trata tras detener a sus siete responsables en Nules, revelan un sistema de semiesclavitud sostenido por deudas, coacciones y control constante

Hacinadas en zulos, en algunos casos sin agua ni luz, en cuanto aterrizaban en España tras ser captadas mediante falsas ofertas de empleo difundidas a través de redes sociales y contactos personales. Jornadas de trabajo en el campo de casi 13 horas diarias, sin descanso y sin apenas remuneración, pues de los supuestos salarios se descontaban gastos por alojamiento, transporte o manutención. Sin contrato ni documentación, y bajo un clima de amenazas, coacciones e incluso agresiones para frenar cualquier intento de huida.

Así vivían las 80 víctimas migrantes explotadas laboralmente en condiciones de semi esclavitud en Nules (Castellón), que la Guardia Civil liberó el pasado 24 de marzo tras una macrorredada policial que mantuvo en vilo durante horas a los vecinos de esta población de 14.000 habitantes, con varios helicópteros sobrevolando el municipio y medio centenar de agentes y furgones dispersos por sus calles.

Este sábado se han conocido los detalles de la operación, denominada Balarama ―cuya investigación estaba bajo secreto―, que logró desarticular esta organización criminal asentada en la provincia de Castellón con la detención de sus siete integrantes por delitos de trata de seres humanos con fines de explotación laboral, contra los derechos de los trabajadores y favorecimiento de la inmigración irregular. Dos de ellos han ingresado en prisión. Se les atribuye todo el proceso de explotación laboral, desde la captación de las víctimas en países extranjeros con falsas ofertas de empleo que prometían buenas condiciones laborales y alojamiento, hasta su explotación en España en trabajos en el sector agrícola.