El golfista castellonense pasa el corte en el Masters de Augusta pero muestra toda su frustración por juego: “Me pongo sobre la bola y espero que no me dé un patatús”

Poco importa que el jueves diera el mejor golpe de su vida en Augusta, según él, un hierro 4 en el hoyo 17, y son ya 27 participaciones en el Masters y más de 6.000 impactos por el camino. Tampoco le cambia el ánimo el abrazo de Rafa Nadal, que le sigue durante la competición. Ni superar el corte. Sergio García no tiene buena cara y su lenguaje corporal lo dice todo. El campeón del Masters de 2017 mantiene su eterna relación de amor y odio con este campo y ahora toca lo segundo para acentuar una etapa en la que el golf le genera demasiada frustración. García, tres sobre el par, jugará el fin de semana por segunda ocasión desde que se vistió con la chaqueta verde, pero en sus palabras después de otra ronda de brazos caídos y gesto mustio insinúa que de seguir por este camino se le pasa por la cabeza colgar los palos.

“Es una hazaña poder pasar el corte jugando tan mal o con sensaciones tan malas. ¿Cuándo va a cambiar esto? Es lo que más me preocupa, porque pegarle como le estoy pegando a la bola me trae pensamientos que no son de los más bonitos”, afirma Sergio García, y entonces hace el gesto de colgar la bolsa. “Nos vamos acercando, cada vez estamos más cerca”, responde luego a la pregunta de un periodista sobre qué quiere decir.