Philip Baldwin explica que antenas de Robledo de Chavela enviaron a Orion los comandos para que corrigiera su trayectoria a la Luna

Si no fuera por las seis antenas colosales que sobresalen en el bosque de Robledo de Chavela (Madrid), los cuatro tripulantes de Orion, la cápsula espacial de la misión Artemis 2, se habrían quedado incomunicados en el espacio durante un tercio del tiempo que ha durado la misión. Por ese motivo, el subdirector de comunicaciones de la NASA, Philip Baldwin (EE UU), está ahora allí y vivirá en ese lugar uno de los momentos más importantes de su carrera y de los más críticos de la historia de la exploración espacial: la entrada en la atmósfera de cuatro seres humanos envueltos en una bola de fuego que se precipita a 40.000 kilómetros por hora.

Baldwin cuenta que tanto él como el equipo de 16 personas que trabajan en esa instalación contuvieron el aliento durante los minutos en los que la nave Orion, ya de camino a la Luna, hizo correcciones en su rumbo para no estrellarse contra el satélite ni quedar varados en el espacio de camino a ninguna parte. “Fue un momento clave”, recuerda. “Gran parte de la importancia de poder hacer ese sobrevuelo lunar era que pudiéramos enviar un comando para corregir la trayectoria y asegurarnos de que regresarían a casa. Robledo formó parte de esa secuencia de comandos”.