Perdió fuerzas hasta quedar postrado en cama, pero nunca fue al médico por el miedo a una deportación
Guadalupe fue perdiendo fuerzas mientras miraba, con tristeza, videos y fotos de su marido, Jesús Juárez Cruz. El teléfono móvil le pesaba cada vez más a medida que desfilaban las memorias: un Jesús alegre, fuerte, activo, jugando con su nieta. Todo eso se ha desvanecido. “Me vinieron muchos recuerdos y me puse muy mal. Sentí como que me desmayaba”, cuenta esta migrante mexicana indocumentada, que accedió a relatar su historia con la condición de proteger su identidad por temor a represalias del Gobierno de Donald Trump.
El cadáver de Jesús se encuentra ahora en una helada morgue de California y, en unos días, lo sepultarán. Guadalupe asegura que el fallecimiento de su marido está vinculado a las duras políticas migratorias que imperan en Estados Unidos. La salud de Jesús fue disminuyendo y terminó postrado en la cama de su casa. Necesitaba de su familia hasta para las necesidades básicas. A pesar de esas circunstancias, él jamás acudió a un hospital por temor a que lo detuviera y deportara la policía migratoria (ICE, por sus siglas en inglés). Fue demasiado tarde cuando su esposa y sus hijos se convencieron de que debían llevarlo al médico. Murió a finales de febrero. Tenía 50 años y dejó a cuatro huérfanos, uno de ellos menor de edad.






