Los expertos y la propia NASA son conscientes del valor propagandístico de las fotos de las misiones espaciales
Las imágenes de la Tierra desde el espacio han transformado la forma en que pensamos la Tierra, la estudiamos y la gestionamos. Y no solo eso. “La forma en que nos vemos a nosotros mismos y a los demás siempre ha dependido de la imagen que tenemos de la Tierra”, con esta frase, Archibald MacLeish, poeta y dramaturgo, abrió
h%20put%20man%22&st=cse" data-link-track-dtm="">el ensayo que publicó en The New York Times el 25 de diciembre de 1968, sobre las fotografías de la Tierra proporcionadas por la misión espacial Apolo 8. Las imágenes que nos hicieron vernos como jinetes del espacio, Riders on Earth, se titulaba el artículo.
En 1968 aún no existía el planeta azul. Nadie lo había visto. Hasta que llegó la foto de la nave espacial Apolo 17, última misión Apolo de la NASA. Era 1978.
En abril de 2026, la Artemis II nos hace recordar al Apolo. Envía a la Luna de nuevo una nave tripulada, Orión. El objetivo, a largo plazo, según comunicado de la propia NASA: “crear una presencia duradera en el espacio profundo”. A corto plazo, “descubrimientos científicos, obtener beneficios económicos y sentar las bases para las primeras misiones tripuladas a Marte”.














