El número uno y el italiano se dejan sendos sets ante Etcheverry (6-1, 4-6 y 6-3) y Machac (6-1, 6-7(3) y 6-3). Se enfrentarán a Bublik y Aliassime

No aprieta el calor, pero es un jueves de sudores en Montecarlo, donde las dos ruedas a seguir transitan sobre un terreno astilloso y áspero, lleno de ortigas. Así va esto: la tierra es para los currantes, siempre hay que mancharse las manos. No existen los atajos. Si a mediodía sufría de lo lindo Jannik Sinner, indispuesto y arremangado para conseg...

uir sacar adelante el pulso contra Tomas Machac (6-1, 6-7(3) y 6-3, tras 2h 01m), a media tarde es Carlos Alcaraz el que mastica y rumia el laborioso duelo con el argentino Tomás Martín Etcheverry. Pintaba muy bien la cosa, pero después se tuerce. Lo sortea finalmente el español, pero el segundo set ha sido feo: 6-1, 4-6 y 6-3, en 2h 23m. Un trago amargo.

“Fallar vas a fallar, porque en el tenis se falla, pero hay que seguir intentando cosas”, le dice su preparador, Samuel López, cuando detecta que la cosa sigue torciéndose y que al murciano —23 errores no forzados, de los 44 que reflejará la estadística al final— le falta la finura habitual durante esa franja incómoda en la que Etcheverry, empapado de sudor, le birla un par de veces el saque y se rebela. No está a gusto Alcaraz con su saque ni sus golpes y pelotea un pelín ansioso, algo acelerado, por instantes desordenado, con insistencia pero quejoso: “¡Revés de mierda!”. Donde parecía no haber partido, aparece una trampa. Pelea y pelea. No termina de dar con la llave el número uno.