El grupo familiar, que empezó con sillas de camping y playa, cumple 60 años y supera los 90 millones de euros en ingresos
El diseño es tan natural en Barcelona como la playa de La Barceloneta o las novelas de Juan Marsé. Era 1966, justo el año que publicó Últimas tardes con Teresa, el texto con el que además de ganar el premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral, reveló su talento para las letras. A la vez, un emprendedor catalán, Manuel Alorda, y su esposa Johanna Derksen, creaban una
-que-la-empresa-espanola-kettal-ha-adquirido-la-iconica-driade.html" data-link-track-dtm="">empresa familiar dedicada al mobiliario de camping y playa. Una forma inteligente de aprovechar el auge de un turismo que desde entonces nunca se ha detenido en la ciudad. Fabricaban un producto muy funcional, sencillo para un “mercado poco sofisticado”, recuerda por correo electrónico su actual consejero delegado, Alex Alorda, hijo de los fundadores. Ya estaban escritas las primeras frases de la firma Kettal. Cumple, como recuerda Alorda, 60 años de existencia y diseño.
En los años setenta y ochenta del siglo pasado empiezan a incorporar nuevos materiales y procesos. “Sin embargo, el punto de inflexión llegó en los noventa, cuando decidimos que el futuro pasaba por el diseño como elemento estratégico, más allá de la estética, y que formaría parte de nuestra cultura empresarial”, observa el directivo. Eso suponía situarse en el segmento más alto de su sector. Pronto entienden que el mueble de exterior puede entrar dentro del terreno del diseño contemporáneo. Aunque necesitaban más calidad y colaborar con grandes creativos.






