Las artificiales convenciones horarias han difuminado los límites naturales de los distintos tramos del día
Tenemos un buen jaleo para nombrar las tres partes del día que se establecieron en función de la luz del Sol. Para empezar, en español solemos acudir a un plural cuando expresamos buenos deseos, pese a que nos estamos refiriendo a un singular: “Buenos días”, “buenas tardes”, “buenas noches”, igual que hacemos con “felices Pascuas”, “mis condolencias”, “recuerdos”, “saludos”, “abrazos”, “felicidades”… El singular les parecía ramplón a nuestros antepasados, que prefirieron transmitir un valor más amplio, no reducido a un momento sino extensible a todos los que vengan....
Deseamos “buenos días” solamente por la mañana. “Día” se opone a “noche”, y sin embargo también designa las 24 horas de una fecha, que incluyen la noche. Si decimos “el envío tardó cuatro días en llegar”, ahí van incluidas sus respectivas horas nocturnas aunque no se mencionen (de igual modo que los genéricos incluyen los dos sexos aunque tampoco se expliciten). El significante que nombra el todo puede nombrar la parte, como ocurre igualmente con “jornada”, que vale para el día entero o ceñirse al horario laboral (“jornada completa”, “media jornada”…) .






