Javier Alonso |

Palma (EFE).- Carmen es una mallorquina de 32 años con tres hijos que participa en el grupo de mujeres ‘Calí’ de la Fundación Secretariado Gitano (FSG) de Palma para mejorar su formación laboral, y reconoce las dificultades de su integración social: «Soy gitana, pero no lo digo en el trabajo, tengo miedo a que me califiquen o me juzguen».

«A día de hoy no se lo he dicho a ningún compañero; ojalá no hubiera tanto racismo», afirma esta mujer alegre, de pelo negrísimo y vestida con el uniforme de la empresa donde comenzará en breve su turno.

Con ocasión del Día Internacional del Pueblo Gitano, el 8 de abril, la Agencia EFE se reúne con un grupo de mujeres que participan en uno de los programas formativos del Secretariado Gitano, organización sin ánimo de lucro dedicada a la promoción integral del pueblo gitano que en octubre pasado abrió en Palma su primera oficina en Baleares.

Las siete niegan que los gitanos no quieran trabajar ni integrarse en la sociedad. «Para mí es superimportante que mis tres hijos no falten ningún día al colegio, llueve, truene o caigan chuzos. Quiero que sean mejores que su padre y su madre y que, si pueden, lleguen a la universidad, como todos», asegura Noemí.