Mala gestión, desigualdad y negocio en una etapa decisiva que debería ser sencilla de explicar y fácil de garantizar

No hay una red de educación Infantil de cero a tres años (0-3). Hay al menos doce modalidades distintas de centros si se ordena el mapa por titularidad, forma de gestión e integración o no en la red pública regional. Bajo la misma etiqueta conviven escuelas infantiles de la Comunidad de gestión directa e indirecta, casas de niños, escuelas municipales conveniadas, otras no integradas en la red regional, colegios públicos con 0-3 y centros privados con o sin financiación pública. Llamarlo “sistema” es un acto de generosidad. Lo que existe, en realidad, es un mosaico desigual, un laberinto difícil de explicar incluso para quienes trabajan dentro de él.

Eso ya retrata un problema político serio. Cuando una etapa educativa básica se organiza así, no estamos solo ante una dificultad técnica. Estamos ante una fragmentación estructural que complica seguir el dinero, comparar condiciones, exigir responsabilidades y construir una verdadera red pública. La propia Comunidad reconoce para 2026 una red financiada por la Consejería compuesta por 393 centros específicos, de los que 264 son escuelas infantiles y 129 casas de niños; además, la propia información institucional del Gobierno regional sitúa en 85 los colegios públicos autorizados para impartir el primer ciclo. No es una red: es una superposición de redes.