El primer ciclo de la Educación Infantil anuncia que irá a huelga indefinida a partir del 7 de abril por una mejora de las ratios, de los salarios y de las condiciones de los centros
Algo tan sencillo como no tener un cristal entre el cuartico donde cambia pañales y la estancia principal donde pasan el día los bebés provoca que a la profesora Filomena Gómez se le suba el corazón a la garganta cuando alguno de los pequeños “se hace pipí” y ella está sin compañera. “Es que los tengo que dejar solos y no los puedo mirar”, lamenta Gómez, trabajadora de la escuela infantil del CEIP Gabriel y Galán, en Alcobendas. Detrás de su preocupación está también la de cientos de profesores que como ella no dan abasto con las ratios, a los que no les llega el sueldo a final de mes y aún así tienen que comprar materiales para sus clases porque la Administración no les suple o que tienen q...
ue achicar agua cuando llueve porque el edificio está lleno de goteras. Las malas condiciones laborales unidas al deterioro de las instalaciones son el caldo de cultivo que los ha hecho estallar.
La escuela donde trabaja Gómez es una de las que está integrada en un centro educativo de Primaria, lo que ya supone de por sí un problema de logística por las actividades que realizan unas y otras edades. A eso hay que sumarle la falta de recursos. “Estamos muy abandonados”, dice tajantemente ella, que ni siquiera cuenta con un armario para guardar sus pertenencias. Tampoco tienen aire acondicionado para el verano, aunque estos centros están abiertos también en junio y julio a diferencia del resto de enseñanzas. “El año pasado nos trajeron un pingüino, pero es un problema porque los niños quieren tocar todo lo que está a su altura”, comenta.






