Fue real y consumió muchas energías en el mundo de la radio desde los años ochenta del siglo pasado

Lo que voy a evocar puede parecer hoy tan remoto e incomprensible como la guerra del Peloponeso. Hablo de las batallas por estrenar discos en las emisoras de FM. Ninguna broma: se enfriaron amistades, se efectuaron jugadas maquiávelicas, se alborotó la industria fonográfica. Y todo por colgarse unas medallas que, en realidad, solo unos pocos oyentes reconocían. ¿Se pueden imaginar un conflicto por ver quién ponía primero a Les Négresses Vertes? Pues ocurrió....

Esas guerras se desarrollaron en un campo de batalla mínimo, esencialmente el mundillo de Radio 3 (aunque también entraron en liza Los 40 y otras cadenas). Como todos se conocían, eran enfrentamientos cainitas. Que alcanzaban incluso a los artistas, a los que se intentaba intimidar. Entiéndanlo: debutar un disco, foráneo o nacional, reforzaba la reputación del programa en cuestión, su relevancia por encima de la competencia. O eso creían.

Las tácticas para lograrlo iban desde la rapidez hasta los chantajes. El primer estrenador en llegar por la mañana a las oficinas de las discográficas tenía ventaja. Luego, algunos de los cazadores de estrenos desarrollaron malas mañas: exigían unas ventanas de tiempo antes de que se difundieran las cintas (sí, generalmente ni siquiera se había prensado el disco en cuestión) entre el resto de la profesión. Todo valía: se amenazaba al bendito de Carlos Berlanga para que cediera las primeras grabaciones de Dinarama, con la amenaza de que, en caso contrario, se torpedearía su posible fichaje por tal discográfica. Aunque nada comparable con la histeria por estrenar a Los Planetas.